
EDITORIAL publicada en el boletín MENSUAL de ALADOS
Por Luisa Sossa, presidenta de ALADOS
Cuando en 2019 decidí vivir en el Putumayo, lo hice también con la idea de compartir algo de lo que había aprendido como documentalista durante años. Lo que no imaginé, ni de lejos, es que de esa idea brotaría una escuela de comunicación popular con mujeres, jóvenes e indígenas de este territorio — y que por el camino iríamos encontrando, juntas, formas propias de enseñar y aprender. Con esa misma inquietud llegué a ALADOS; buscando a quienes resonaban con lo que estábamos haciendo, quizás para orientarnos en la incertidumbre. Y encontré aliados muy valiosos, pero el eco colectivo que anhelaba, ese que amplifica y sostiene, aún está por construirse.
Miro estos años en la junta con los mismos ojos con los que llegué al territorio: los de alguien que aprende mientras camina. No sé si siempre lo hice bien, pero sí que lo hice en colectivo, con la certeza de que el rumbo se traza entre todas y todos, con firmeza y con cuidado.
Y en ese caminar, algo me quedó claro: lo que construimos no se sostiene en las estructuras solas, sino en la confianza que sembramos. Los Encuentros Nacionales de Documentalistas fueron espacios que nos permitieron poner sobre la mesa temas vitales — la exhibición, la distribución, las necesidades formativas — y de cada edición algo quedó vivo: un catálogo, una hoja de ruta, personas comprometidas con pensar el documental desde adentro. No todo fue fácil, hubo momentos que nos exigieron honestidad y decisiones incómodas, pero en cada encrucijada elegimos la coherencia.
Y esa coherencia también implica hacerse preguntas incómodas. Una de ellas nunca dejó de rondarme: ¿cómo hacemos para que la descentralización deje de ser una palabra y empiece a ser una práctica real? Este mes, la exposición Luces, Cámara y Comunidad reunió más de tres décadas de cine comunitario colombiano: 160 colectivos se presentaron, 89 fueron seleccionados. De los asociados a ALADOS, estamos presentes solo tres escuelas: Montañera Films, Escuela Audiovisual Belén de los Andaquíes y Escuela Taller Selvas Vivas. El dato no es un reclamo, es una invitación: ¿cómo nos volvemos, como asociación, acompañantes de quienes en las regiones quieren aprender a contar sus propias historias? Me voy sin esa respuesta resuelta. Pero la dejo sembrada aquí, para quien le resuene.
Nada de esto habría sido posible en solitario.
Quiero agradecer a Pilar Perdomo, que fue mucho más que compañera de junta: fue una aliada incondicional, con quien aprendí a conocer las entrañas de esta asociación. A Julio Lamaña, que hoy se despide de su labor en comunicaciones. Pocas personas han puesto tanto amor en cada detalle — cada publicación, cada convocatoria, cada evento llevaba su sello, su atino, su constancia. Nos deja un camino más firme y lleno de semillas. A mis compañeras y compañeros de junta, con quienes mes a mes nos sentamos a resolver lo urgente y lo importante, apagando pequeños y grandes fuegos, sí, pero también encendiendo otros: los de las ideas, los proyectos, la voluntad de elegir siempre lo mejor para el colectivo.
Ahora llega el relevo. Y con él, la oportunidad de que nuevas miradas continúen abriendo caminos, porque ALADOS es un organismo vivo que se fortalece en la diversidad. Les invito a nuestra próxima Asamblea Ordinaria: a vernos, reconocernos y animarnos a liderar lo que viene. A recordarnos, una vez más, que el cine documental no es solo obra individual: es un tejido, es memoria compartida, es una apuesta colectiva por un país que aprende a contarse a sí mismo desde cada rincón, con sus propias voces.
Sigamos tejiendo memoria frente al olvido, y comunidad frente al individualismo.
Con profunda gratitud,
Luisa Sossa Henao



